El Fossegrim
La leyenda del Fossegrim, nacida entre las cascadas heladas y los bosques profundos de Escandinavia, narra la historia de un espíritu seductor que otorga el don de la música a cambio de un oscuro pacto. Conoce el misterio del violín que hace bailar a la naturaleza y el precio del talento inmortal, y su influencia en el folclore nórdico de Noruega y Suecia.
MITOS Y LEYENDAS
Julio Alberto Bojórquez Espinosa
El Fossegrim es una criatura del foclor escandinavo, particularmente de Noruega y Suecia. Se lo describe como un bello joven que se aparece desnudo en las cascadas y los arroyos tocando el violín de forma maravillosa. Se dice que es posible convencer a este espíritu de enseñar su arte a un mortal a cambio de una ofrenda de comida hecha en jueves y en secreto: un buen trozo de cordero ahumando, o una cabra blanca llevada a una cascada que fluya hacia el norte. Si la ofrenda es satisfactoria, el Fossegrim hará tocar al estudiante hasta que le sangren los dedos, pero al final éste podrá tocar una música que hará bailar a los árboles y deternerse a los riachielos. Es la música de los espíritus nocturnos, que hace que hasta las mesas y los banquillos, y los platos y las tazas, y los ancianos y las ancianas, y hasta los bebés en sus cunas, se levanten y se pongan a bailar.
Cuenta la leyenda sobre un chico llamado Ola Pedersen, hijo de un carpintero, cuyo mayor deseo en la vida era aprender a tocar el violín. Desafortunadamente, el muchacho carecía de talento, y a pesar de lo mucho que practicaba las notas que producía su instrumento solamente producían la risa de los aldeanos.
Fue Ingebjorg, la mujer sabia de la aldea, quien le mencionó por primera vez al Fossegrim. Esa noche, escuchando el sonido del río, soñó que escuchaba la música de violín más hermosa. Desde entonces, todos los día Ola se adentraba en el bosque, cada vez más profundamente, en busca de la guarida del Fossegrim.


Finalmente, un día encontró un estanque al pié de una cascada, lleno de remolinos, bajo cuya superficie brillaban extrañas luces. Ola no llevaba consigo más que una hogaza de pan, misma que colocó como ofrenda tras lo cual tocó en su violín la única melodía que conocía. Fue entonces que apareció de las aguas el Fossegrim, reclamando al niño la pobreza de su ofrenda. Ola preguntó que deseaba el espíritu a cambio de su tutela, y el Fossegrim le pidió un trozo del mejor cordero, al atardecer del séptimo jueves a partir de ese día.
Llegada la fecha destinada, Ola se presentó nuevamente llevando consigo la encomienda del espíritu, y al fin éste le impartió su conocimiento, pero con una advertencia: el don de la música deja una herida, y le traería alegría pero también dolor. El regalo del río nunca es gratis.
Ola se volvió el violinista más magnífico, tocando su violín como ningún otro mortal podía, pero en su música siempre hubo algo de salvaje y de nostálgico, y en sus notas podía captarse el murmullo del agua, y el eco de la risa del Fossegrim.
Se dice que el Fossegrim le enseñó a los famosos violinistas noruegos Torgeir Agundsson y Ole Bull.
Escrito e ilustrado por Julio Alberto Bojórquez Espinosa para Viajes Bojórquez Oficial
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